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Enriquecimiento Lingüístico

Hola, apreciados amigos, mi saludo de bienvenida a este virtual espacio conversacional en donde espero podamos disfrutar del cantar y elaborar canciones para niños de cero a cien años, además, hacerle guiños a los razonamientos teóricos que nos permiten comprender con más amplitud el “por qué” es tan necesario, por ejemplo, el enriquecimiento lingüístico para el desarrollo cognitivo de los niños y también de nosotros. Quiero contarles por qué reviví una vieja idea: esa que permitió a los hombres del siglo XV romper la dependencia y el control absolutista del conocimiento y las ciencias que ejercía la Iglesia Católica Apostólica y Romana: me refiero a la Imprenta de Gutenberg. Invito a padres, maestros jóvenes y niños con sus ideas para elaborar estrategias educativas que nos ayuden a identificar situaciones que pueden estar afectando el sentido de educarnos para la vida y con la vida, recuperando nuestro de que todos somos enseñantes y a la vez aprendientes. Mi abrazo fraternal.

Para comenzar les invito a leer el hermoso escrito de Paulo Freire : “Cartas a quien pretende enseñar”.

“…no sólo con que placer que escribí este trabajo. Lo escribí impulsado por un fuerte sentimiento de compromiso ético-político y con una decidida preocupación con sus probables lectoras y lectores. Lo que me compromete es la construcción en favor de una escuela democrática. De una escuela que, a la vez continúa siendo un tiempo-espacio de producción de conocimiento en el que se enseña y en el que se aprende, también comprende el enseñar y el aprender de un modo diferente. En la que enseñar ya no puede ser ese esfuerzo de transmisión del llamado “saber acumulado” que se hace de una generación a otra, y el aprender no puede ser la pura recepción del objeto o el contenido transferido. Por el contrario, girando alrededor de la comprensión del mundo, de los objetos, de la creación, de la belleza, de la exactitud científica, del sentido común, el enseñar y el aprender también giran alrededor de la producción de esa comprensión, tan social como es la producción del lenguaje, que también es conocimiento.

Exactamente como en el caso del logro de la comprensión del texto que se lee, que también es tarea del lector, es igualmente tarea del educando o aprendiente, el participar en la producción de la comprensión del conocimiento que supuestamente sólo recibe de su maestro. Por eso es que existe la necesidad de la radicalidad del diálogo, como sello de la relación gnoseológica y no sólo como simple cortesía.

Escribir no es un puro acto mecánico precedido por otro que sería un acto mayor, más importante, el acto de pensar ordenadamente, organizadamente, sobre un cierto objeto, en cuyo ejercicio el sujeto pensante, apropiándose del significado más profundo del objeto pensado acaba por aprehender su razón de ser. Acaba por saber el objeto. A partir de ahí, entonces, el sujeto pensante en un desempeño puramente mecánico, escribe lo que sabe y sobre lo que pensó antes. ¡No! No es así como suceden las cosas. Ahora mismo, en el momento exacto en que escribo sobre esto, vale decir, sobre Las relaciones entre pensar, hacer, escribir, pensamiento, lenguaje, realidad, experimento la solidaridad entre los diversos momentos, su total imposibilidad de separarlos, de dicotomizarlos.

Si bien esto no significa que después de pensar o mientras pienso, debo escribir automáticamente, significa sin embargo que al pensar guardo en mi cuerpo consciente y hablante la posibilidad del escribir, de la misma manera que al escribir continúo pensando y repensando tanto lo que se está pensando, como lo ya pensado.

Esta es una de las violencias que realiza el analfabetismo, la de castrar el cuerpo consciente y hablante de mujeres y hombres, ahora de niños, prohibiéndoles leer y escribir, con lo que se limitan en la capacidad de, leyendo el mundo, escribir sobre esa su lectura, y al hacerlo repensar sobre sus propias lecturas.

Aunque no anule las relaciones milenarias y socialmente creadas entre lenguaje, pensamiento y realidad el analfabetismo las mutila y se constituye en un obstáculo para asumir la plena ciudadanía. Y las mutila porque, en las culturas letradas, impide a analfabetas y analfabetos contemplar el ciclo de las relaciones entre lenguaje, pensamiento y realidad al, cerrar las puertas en esas relaciones, al lado necesario del lenguaje escrito. Es preciso no olvidar que hay un movimiento dinámico entre lenguaje, pensamiento y realidad del cual, si se asume bien, resulta una creciente capacidad creadora de tal modo que cuanto más integralmente vivimos ese movimiento tanto más nos transformamos en sujetos autónomos, de autoría, críticos del proceso del conocer, enseñar, aprender, leer, escribir, estudiar.

En el fondo estudiar en su significado más profundo abarca todas esas operaciones solidarias entre ellas. Es por eso que el acto de escribir no es posible reducirlo al acto mecánico. El acto de escribir es más complejo y exige que el acto de pensar sin escribir.

La relación entre leer y escribir, deben ser entendidas como procesos que se organizan de tal modo que sean percibidos como necesarios, como siendo una cosa que el niño necesita, como lo resaltó Vygotsky y nosotros también. En primer lugar, la oralidad antecede a la grafía, pero la contiene en sí desde el primer momento en que los seres humanos se volvieron socialmente capaces de ir expresándose a través de símbolos que decían algo de sus sueños, de sus miedos, de su experiencia social, de sus esperanzas, de sus prácticas. 

Cuando aprendemos a leer, lo hacemos sobre lo escrito por alguien que antes aprendió a leer y a escribir. Al aprender a leer nos preparamos para, a continuación, escribir el habla que socialmente construimos.

En las culturas letradas si no se sabe leer ni escribir no se puede estudiar, tratar de conocer, aprender la sustantividad del objeto. Uno de los errores que cometemos es el de dicotomizar el leer del escribir, y desde el comienzo de la experiencia en que los niños ensayan sus primeros pasos en la práctica de la lectura y la escritura, tomamos estos procesos como algo desconectado del proceso general del conocer. Esta dicotomía entre el leer y escribir nos acompaña siempre, como estudiantes, y como maestros. “Tengo una gran dificultad para escribir mi tesis”. No se escribir, es la afirmación y la expresión más común que se escucha en los cursos de pos-grado y en general en todos los grados. Lo que realmente revela esta situación es cuán lejos estamos de una comprensión crítica de lo que es estudiar y de que es enseñar. Si nuestras escuelas, desde la más tierna edad de sus alumnos, se entregasen al trabajo de estimular el gusto por la lectura y la escritura y ese gusto continuase estimulándose durante su escolaridad posiblemente habría un número bastante menor de personas incapacitadas para escribir.

  Hasta aquí el escrito del eminente Maestro Paulo Freire.

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Palabras abiertas

Canto porque creo que los niños, todos los niños, merecen tener las mejores oportunidades para el pleno desarrollo de su personalidad; la canción es oportunidad de construcción, de reconciliación y de maravillosa interacción con ellos. Cuando cantamos para los niños, nos volvemos cercanos a sus manos, a sus miradas y a su habla. Entonces las palabras compartidas recuperan su energía luminosa. Cantamos para reconciliar nuestra propia infancia  y niñez con ese adulto maestro–padre, que quizá no tuvo la oportunidad de reconocerse como niño, como ser lúdico, soñador, inmenso aprendiente. Cada vez que cantamos, envolvemos nuestras cotidianas palabras en papel de regalo.

¿Quién no ha visto un árbol desprenderse de sus hojas?

Caen las hojas,

las hojas rojas,

en volteretas,

unas tras otras…

Cuando lo decimos cantando, las palabras acarician, resuenan y explotan en nosotros como burbujas de alegría.

Abrir la boca para cantar, es abrir las manos, los brazos, en encuentro con los demás para juntar bocas y sueños.