Imprenta Manual

A MANERA DE PRESENTACÍON.

Voy a tratar de poner en orden mis intuiciones, ideas y vivencias acerca de lo que considero el significado pedagógico-educativo de aprender a escribir y a leer utilizando una imprenta manual.

Desde hace más de treinta años, estoy diseñando y construyendo imprentas manuales. Comencé cuando, por casualidad, conocí la propuesta educadora del maestro Celestín Freinet. La circunstancia de que los niños imprimieran sus pensamientos para luego convertirlos en libros, que puedan mostrar a otros lo que piensan, saben y sueñan – tal como lo hacen los grandes- me pareció genial. A los niños les encanta imitar lo que hacen los grandes, además, imitar a escribir y a leer es una buena promesa ya que es así como los niños se inician en los verdaderos aprendizajes; la imitación es entonces una circunstancia muy especial de cuidar.

A través de los escritos de los niños, los maestros pueden darse cuenta de los resultados de sus enseñanzas, enterarse si estas se han traducido en aprendizajes. Por esas consideraciones y por otras que más adelante daré a conocer, tomé la decisión de “asumir” esa experiencia Freinetiana para intentar, encontrar estrategias de solución a  uno de los problemas más graves y urgentes de la escolaridad básica: las grandes deficiencias de lectura y escritura que presentan la mayoría de los niños y jóvenes al terminar sus estudios básicos; pero, es sano aclarar que las dificultades de aprendizaje tienen profundas raíces en los espacios familiares y en el entorno local en que desenvuelven su vida los niños; es en su nicho ontogenético donde se forjan las actitudes, los valores que determinan las aperturas hacia las personas y lo que hacen esas personas. Esta actitud y compromiso constituye el más valioso aporte al proceso formativo-educativo que pueden hacer los padres y el entorno social más cercano, (familiares y amigos) a la institución escolar. La fluidez en la progresión escolar puede potenciarse o deteriorarse según la comprensión y el conocimiento de los maestros de las condiciones y aportes en que llegan los niños. La primera infancia, como primera instancia de acercamiento institucional resulta fundamental en este proceso de potenciación y afianzamiento de aperturas a los futuros aprendizajes, dado que pueden “detectar” a tiempo ésas condiciones.

 Los problemas de adaptación que presentan los niños en el transcurso de su escolaridad elemental, tanto en el plano intelectual, como en el afectivo, son en particular problemas de  valoración y significado de lo educativo: (inversión), de percepción y organización del espacio y del tiempo que afectan la adquisición de modos de pensar abstractos, problemas de relación con los demás y de integración social. Todas estas dificultades no son específicas de los niños con dificultades o inadaptados, sino que en ellos son más importantes y duraderas. Los procesos de adquisición y de adaptación son idénticos en todos los niños. Quizás, por esto, lo importante de este asunto es acometer estrategias que involucren la naturaleza social de este problema., comprender que la educación no  es un asunto sólo de los educadores y que fuera del aula la educación asume su oficio en el  su rostro amable de la cultura. En esta perspectiva, todos somos educadores.

Las dificultades lectoras-escritoras son una verdadera tragedia en la vida de los niños y jóvenes, les significa grandes obstáculos para proyectar y construir sus sueños, la sensación de fracaso y frustración les acompaña como una sombra que afecta su auto-estima y la autonomía de sus decisiones. Para un país, este tipo de analfabetismo es el mayor generador de exclusión y marginalidad social.   Lo más triste y lamentable de esta realidad, (cada vez más grande), es NO reconocer que este problema que tiene tanta implicación negativa en lo individual y social, siga tan campante, camuflándose como algo “natural “; “naturalizado” debería decir, si comprendemos y aceptamos que en nuestra población las deficiencias lectoras y escritoras “son un mal generalizado;” del que no se escapan la mayoría de nuestros queridos maestros. Hoy, como maestro, comprendo que esta situación es mucho más amenazadora y profunda que antes, disfrazada como está ahora en una ostentosa información visual y virtual.

De Gutenberg a Freinet. (Implicaciones de imprimir el pensamiento propio)

Ambas imprentas, la de Gutenberg y luego la de Celestín Freinet, cada una en su respectivo tiempo histórico permiten la sublime experiencia de “mirarse sin espejos”. En el acto tan personal, objetivo y subjetivo de escribir sobre lo propio aflora la esencia del individuo como ser social; sus palabras que son pensamientos evidencian lo que piensa, siente y desea desde su percepción del mundo. Esta práctica humilde y grandiosa nos permite reconocer  nuestra verdadera naturaleza humana, es debeladora de las circunstancias afectivas, sociales, políticas, económicas y educativas que rodean a los seres humanos. La representación del lenguaje que hemos elegido para expresarnos es la más auténtica muestra de nuestro “estado del alma” y define elocuentemente la calidad de relaciones que tenemos con nosotros mismos, con los demás y con el planeta.

Para contarles con un poco de orden mi “versión” de la imprenta manual, comenzaré con una brevísima referencia histórica de la imprenta de Gutenberg  dado que es la invención más elocuente y real en la democratización de la escritura desde su aparición en el siglo XV, hacia el año 1440.

El destacado rol que cumplió la imprenta de Gutenberg en la divulgación del pensamiento en un tiempo en que no bastaba la claridad de las ideas, sino también, poseer coraje cívico para atreverse a expresarlas constituyó una verdadera revolución. Los autores sabían que sus escritos eran portadores de una renovada visión de sentir, pensar y actuar en el mundo, en consecuencia, enfrentaban un temido poder, dado que la “versión dominante sobre esta vida y la otra” era de estricto control y dominio de la iglesia.

En nuestro tiempo la cuestión de acceso a la información y divulgación de las ideas es algo muy complejo. Yo lo veo como un monstruo de siete cabezas; la información por ejemplo, es tan vasta y variada que puede llegar a saturarnos y confundirnos con efectos negativos en especial para los niños y jóvenes. Uno de esos efectos más comunes es la desorientación que experimentan cuando confunden  información con saberes verdaderos. Convencidos de “sabiduría”, nada quieren saber de lo que ocurre a su alrededor. No quieren perder su tiempo conversando con la gente que no está “conectada”, gente que prefiere mirar la pantalla de la cotidianidad o del universo. Cada vez más, comprendo mejor a los maestros, Ovidio Decroly y Celestín Freinet, a sus exigencias previas para que los niños impriman sus pensamientos, las ideas debían ser discutidas en el grupo, luego de ser aceptadas tener el cuidado de cómo decirlas de tal suerte que conlleven el respeto por la palabra y el respeto por quienes las leyeran.

 En el presente, y con la Imprenta Manual como moderna herramienta pedagógica – guardada las diferencias de la época y de las circunstancias del hecho escrito  en la época de Gutenberg- ocurre algo muy especial. Cuando los niños imprimen su pensamiento apoyándose en su habla materna, experimentan un momento muy especial: asisten a su debut de entrada en la cultura universal. Dicha actitud propositiva  le exige algo parecido a ese “coraje “que se precisaba para exponer el pensamiento” en la imprenta de Gutenberg. Me pregunto, ¿Cuántos otros niños quisieran contar e imprimir sus cosas; no como un acto solitario, sino en el calor y en la dinámica colectiva de su grupo de aula. Muchos, quizás, se quedarán en la “línea de arranque” con sus palabras a “flor de labios”, con las ganas de contar sus cosas, contándolas o escribiéndolas,  luego, irónicamente, la misma escuela y la sociedad los clasificará como “tímidos, inadaptados, disléxicos, hiperactivos”, entre tantas otras etiquetas eximentes.

Entrega #2

La imprenta de Gutenberg.

La imprenta original de Gutenberg hizo su aparición en el mundo europeo, con más precisión en Alemania, a mediados del Siglo XV, cuando el orfebre Alemán Johannes Gensfleisch Gutenberg, quien vivía en la Ciudad Germana de Maguncia, elaboró una prensa más conocida hoy como la imprenta.

Aunque en el mundo occidental se cita a Gutenberg como el inventor de la imprenta, este honor en realidad les corresponde a los chinos. Siglos antes de la aparición del invento de Gutenberg, ellos ya estaban imprimiendo páginas completas de textos e ilustraciones en bloques de madera. Sin embargo, el poco intercambio entre China y el resto del mundo en aquellos tiempos, impedía saber que fuera de Europa existían la imprenta y otras tecnologías.

La impresión con los tipos móviles de Gutenberg motivó un cambio radical en la vida europea. Cada vez más personas se preocupaban por aprender a leer y la demanda de libros se convirtió en una verdadera revolución del conocimiento. Anteriormente, las personas que sabían leer tenían problemas para obtener información precisa y los libros copiados a mano eran escasos y frecuentemente estaban plagados de errores.

Breve cronología de la escritura

Cinco mil años atrás, los sumerios crearon la escritura cuneiforme.

Siglos después, en Egipto, la biblioteca de Alejandría almacenaba el conocimiento de la época en más de cuatrocientos mil papiros.

En el siglo X, El Visir Abdala Kassen Ismael empleó más de quinientos camellos para transportar los cien mil libros que poseía. Estos hechos nos indican que las bibliotecas no siempre estuvieron resguardadas en lugares fijos, ya fueran casas o edificios y que el nacimiento del libro móvil tiene siglos de existencia.

A mediados del siglo XV, en la ciudad germana de Maguncia, Gutenberg construyó la primera máquina de impresión en serie. Con la imprenta, se dio inicio a una verdadera transformación en el acceso al conocimiento.

La ruta del papel

El papel fue inventado en China hace unos dos mil años. Antes de esa fecha en diversos lugares del mundo, la gente escribía en materiales tales como tablillas de arcilla húmeda, piedras, corteza de algunos árboles, seda o cuero de algunos animales.

La historia nos cuenta que los rollos conservados en la biblioteca de Alejandría eran todos de papiro, un carrizo que crecía en abundancia a las orillas del río Nilo.

El papiro, sin embargo, resultaba bastante frágil y poco durable. De modo que no tardó en ser reemplazado por otro material más resistente: el pergamino. Este lo obtenían preparando las pieles de terneras, de cabras o de borregos y, aunque resultaba mucho más fácil escribir sobre el cuero, tenía la desventaja de que no podía enrollarse fácilmente. Para mejorar su manejo y para que los documentos fueran más cómodos de almacenar y preservar, los bibliotecarios doblaban los pliegos por la mitad y los cosían a lo largo del pliegue. Así crearon la versión más antigua de lo que hoy conocemos como libro.

Según la leyenda, la apropiación del papel que se producía en China desde los años 700, fue a consecuencia del secuestro de varios fabricantes chinos por parte de los árabes. Los chinos fueron obligados a enseñar lo que para ello era un arte muy antiguo. Luego los árabes llevaron el papel a Europa, alrededor del año mil. Pero el pergamino continuó siendo, por mucho tiempo, el material más utilizado para escribir. Cuando la imprenta comenzó a conocerse por Europa, el papel se empleó con mayor frecuencia.

Origen de nuestro alfabeto

La historia del libro está estrechamente ligada a la necesidad de preservar y transmitir la palabra a otros. Históricamente, y durante miles de años, las formas primitivas de escritura la constituían los dibujos de personas, animales, objetos de uso cotidiano, que hoy llamamos pictogramas.

Alrededor del año 3800 antes de Cristo, los egipcios desarrollaron un sistema de escritura más sofisticada que recibió el nombre de jeroglífico. Los jeroglíficos eran símbolos que representaban sonidos o palabras completas. Otros pueblos antiguos como los mayas de México y de América Central, tenían métodos similares para registrar la información.

En la medida en que las sociedades, se hacían más complejas, se volvía evidente la necesidad de los registros. Y, además, registros escritos más sencillos. Esta necesidad creó las condiciones para que la gente empezara a desarrollar sistemas de escritura que permitieran representar el idioma con menos números de signos abstractos. Este es el caso del conjunto de caracteres que usamos hoy en día para escribir. El alfabeto Romano, tiene sus orígenes en formas de letras que empezaron a usarse hace más de cuatro mil años.

La escritura y el humanismo

El humanismo del Renacimiento se inició en Italia durante el siglo XIV, impulsado por un renovado interés por la literatura clásica griega y romana. Los humanistas creían que los escritores de las antiguas Roma y Grecia podían enseñarles todo lo que necesitaban saber para conducir vidas virtuosas, morales y enfocadas en el ser humano. El programa de estudio de los humanistas estaba concentrado en temas como poesía, historia, filosofía y gramática.

El acceso a esta información sólo podían costearla las familias más pudientes, quienes contrataban a tutores para instruir a sus hijos en estas materias. Con la llegada de la imprenta de Gutenberg y la divulgación cada vez mayor de los libros impresos, los valores humanistas se difundieron por encima de las barreras de clase económicas y sociales, permitiendo que muchos más tuvieran acceso a esa información que ponderaba la importancia del individuo, los principios de la democracia y la razón, valores que empezaron a debilitar la poderosa influencia de la iglesia y a sentar las bases de lo que luego se llamó Iluminismo.

En nuestro tiempo actual el acceso a los libros viene presentando una dramática transformación  desde hace unos buenos años. Las condiciones del desarrollo tecnológico en la producción de libros -asombrosamente ágil- está permitiendo una magnifica oferta temática. Ya no se trata de las enormes dificultades de acceso a la información y a los libros. Ahora, lo que estamos padeciendo es la saturación de una información secuestrada por los medios de des-información masificantes, interesada y perniciosa, orientada esencialmente a la promoción de intereses mercantilistas. No es   un problema que tenga que ver con el desarrollo tecnológico, la diversidad temática o el acceso a los libros. Si bien, es notorio que existe una súper-valoración de las ciencias y la tecnología con desmedro de los valores humanistas, este desplazamiento está siendo aprovechado o “provocado” por una estrategia perversa del sistema económico capitalista y su que consiste en el secuestro del lenguaje, en “cambiar “el significado y sentido de las palabras. ¿Qué tal estas perlas?  “destapa la felicidad…coca cola. “Porque lo único que importa es el futbol. Su finalidad es el silenciamiento sistemático de nuestra habla materna que recoge los valores de nuestra historia, resistencia, memoria luchas y saberes,  condición que la convierte en una formidable fortaleza, fuente de inspiración y creatividad para enfrentar los embates, engaños y la explotación del sistema económico actual. Ya no se trata de un problema de etimología lingüística; de lo que se trata es de cuidar y enriquecer nuestra consciencia lingüística, el lenguaje que nos cuenta lo pertinente y lo necesario, que nos escucha y permite escucharnos entre nosotros y por eso mismo nos dignifica y fortalece. No es gratuito el “acoso” pernicioso de la propaganda con su estridente música copando todos los espacios públicos y la privacidad de los hogares. No puede haber silencio ni reposo que permita la imaginación serena y creadora, la conversación lúdica, generadora de múltiples consideraciones acerca nuestros problemas. La estrategia del sistema consiste en hacer creer que la única salida viable-a todos nuestros problemas- la encontramos en la esclavitud laboral, cibernética y consumista que son sus pilares.

El embrujo de los ilusionistas de la palabra ofreciendo-sin ningún pudor- paraísos en esta y la otra vida crecen como la mala yerba. ¿En qué se diferencian estos malabaristas de la palabra de los que en otras épocas, -que creímos superadas-, copaban el imaginario de la gente para que inocentemente entregaran su vida en recompensas de Olimpos, Tierras Santas, Escudos y banderas, colores y partidos?

Para llevar a los hombres de todas las épocas a la barbarie suprema de las guerras, los hombres que las promueven aprovechan la generosidad y el luminoso poder del lenguaje, de ahí la necesidad de torpedear, silenciar y acabar con la consciencia y el patrimonio lingüístico de los pueblos.

La degradación del lenguaje que nos llega a través de los medios de entretenimiento es actualmente una estrategia perversa para desorientar y mantener inmodificable el desorden actual y la ignorancia del verdadero sentido de la vida y dignidad de los seres humanos.

No podemos seguir educándonos en la inconsciencia. No podemos seguir desatendiendo la urgente necesidad de asumir un lenguaje que nos fortalezca en valores de dignidad, solidaridad y convivencia pacífica con los demás y el planeta.  En este sentido a los padres, la escuela y a los maestros les cabe asumir la responsabilidad del significado de ser orientares y formadores de ciudadanos y no solamente de consumidores.

La escritura en el tiempo

Lo que hoy conocemos acerca de la historia de la escritura es lo que “testimonia” la escritura misma. Quiero decir que asumimos como documentos de escritura todas aquellas intenciones de plasmar en piedra, madera, barro húmedo, papiro, cuero, papel, computadora, los pensamientos de los hombres, sus relatos de la vida cotidiana, u otra información, con la intención de que otros hombres puedan conocerlos.

Prácticamente, y casi al mismo tiempo, muchos pueblos crearon diferentes mecanismos para almacenar y organizar sus crónicas de vida, de forma tal que fueran como las huellas de su caminar en su tiempo y territorio. Así nacieron las bibliotecas.

La primera biblioteca

Los primeros creadores de una biblioteca fueron los sumerios. Este antiguo pueblo que vivía en la Mesopotamia, una región que hoy conocemos como Iraq, Siria, y Turquía, inventó la escritura cuneiforme que consistía en representar palabras o sílabas escritas en unas tablillas rectangulares de arcilla húmeda en forma de cuña. Luego, estas tablillas se horneaban o se dejaban al sol para su endurecimiento.

Loa sumerios empezaron a guardar y a ordenar sus ideas, saberes, y conocimientos alrededor del año 2700 antes de Cristo, pero la invención de su escritura data de unos 5000 años atrás.

La circunstancia de que los sumerios fueran tan cuidadosos en la conservación de sus documentos escritos, ha permitido que los investigadores en la actualidad conozcan y puedan contarnos de la primera civilización del mundo.

Así mismo, la historia de las bibliotecas está ligada con la historia de la palabra escrita, que potenció la creciente demanda de saber más y de aprovechar un acumulado cultural en aumento. La necesidad de preservar, organizar y divulgar dichos saberes se hizo evidente. Las primeras bibliotecas no se parecen mucho a las que conocemos en nuestros días. La mayor parte de su contenido estaba compuesto por textos religiosos, para el uso de estudiantes de teología y monjes, cuya ardua labor en los scriptorii tanto contribuyó a llenar los anaqueles.

Esta historia continuará, me gustaría que estos planteamientos podamos compartirlos y aquellas personas que tengan inquietudes al respecto las comenten para que podamos intercambiar ideas, ¡un abrazo!

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